Realmente necesitaba hacer este viaje: para desconectar, pensar, respirar otro aire...ver las cosas desde otra perspectiva.
La travesía empezó medio truculenta, ya que antes de llegar a Azul empezó a diluviar mal. Rayos, truenos y recorcholis...no, en serio!!!. Aunque el espectáculo visual -la forma en que se iluminaba el cielo, quiero decir- era atractivo, no dejaba de causar un poco de miedito. Sobre todo, cuando pasaban por el carril contrario camiones que levantaban una "olita" de agua que iba a parar derecho al parabrisas y durante unos "escasos" segundos no permitía ver nada - pero nada ¿eh?-.
Finalmente, y después de ver el pequeñísimo cartel que advierte la entrada a la villa, llegamos a la cabaña que habíamos contratado desde Buenos Aires. Un lugar muy lindo, por cierto, pero que debido a la tormenta y a la hora -la 1:00 a.m.- no podía apreciarse en toda su magnitud.
Siguió diluviando tooooooda la noche, tormenta acompañada por mucho viento. Pero por suerte la mañana llegó, aunque con ese mismo viento, con un solazo terrible y el cielo celeste sin nubes.
La villa es un lugar de cuento: cuenta con unos 600 habitantes permanentes, casitas de tronco, muchas flores y plantas aromáticas. Debido a que es un pueblo pequeño, hay insumos que uno debe ir a buscar a Sierra de la Ventana -a unos 17 km de allí-; por ejemplo, en la villa se consigue combustible en la farmacia -sí, en la farmacia!- y obviamente bastante más caro.
Fuimos a Sierra a cargar gasoil y a comprar carne para un infaltable asadito. Ahí fue donde "trepamos" el primer cerro. En Villa Arcadia, desde donde se tiene una panorámica del pueblo. Inevitable la visita a "La Angelita", una tradicional casa de té. Ahí probamos la mejor tarta de frutillas que comí en mi vida...no exagero!.
Al día siguiente, visitamos las bases de los cerros Ventana y Bahía Blanca. En la primera, "trepamos" entre piedras y raíces de árboles centenarios para llegar a unos piletones naturales bellísimos. En la segunda, hicimos la visita denominada "Claroscuro" que consiste en transitar un bosque de pinos y otras especies, repleto de enredaderas, que se caracteriza por tener rincones muy iluminados y otros absolutamente sombríos.
El viajecito iba culminando y no podíamos irnos sin visitar "Quetralhue", casa de té de una familia oriunda de San Isidro, que decidió instalarse hace unos años en la villa para deleite de los comensales. Imperdible la picada serrana...no dejamos nadaaaaa!!!.
La verdad, el viaje me hizo muy bien y espero poder volver pronto a respirar ese otro aire.
P.D.: La foto es a la altura del mirador del Cerro Ventana (no ven ninguna ventana porque ese cerro está enfrente...pequeño detalle jajaja). Gracias Dami por reducir el tamaño de la imagen para poder colgarla acá.